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Partidazos, 6 años al servicio y designio del gobernador

Fernando Pérez Corona 2017-02-20 - 07:12:08

Rafael Moreno Valle Rosas se apoderó del PAN y Panal, socavó la unidad en PRD, debilitó a Movimiento Ciudadano y mantuvo como partido satélite Compromiso por Puebla. Al PRI lo mantuvo a raya y muy de su lado.

Tras seis años en la gubernatura de Puebla, Rafael Moreno Valle Rosas se apoderó del PAN y Panal, socavó la unidad en PRD, debilitó a Movimiento Ciudadano (antes Convergencia) y mantuvo en estado vegetativo al partido que ostenta el nombre de la coalición que lo llevó al poder: Compromiso por Puebla; además de mantener a raya al PRI, que en su sexenio sólo alzó la voz en tiempos electorales.

Tras 15 años de militancia priista, el ex mandatario saltó al PAN para ser candidato a senador en 2006, tras negociación realizada por la lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo. El cambio de camiseta, encendió los focos amarillos en el instituto blanquiazul, donde infructuosamente trataron de anteponer el interés partidista al proyecto personal, el cual caminó a paso veloz.

En 2010, Ana Teresa Aranda alertó que abrirle la puerta a Moreno Valle a la candidatura a gobernador sería entregarle al partido y perder identidad. "Nos estamos jugando el futuro de partido”, dijo en aquél entonces. Pero su advertencia no fue escuchada. Y La Doña perdió la postulación ante el ex priista.

Tras asumir la primera magistratura, sólo dos panistas de trayectoria fueron incorporados al gabinete estatal. Myriam Arabián Couttolenc, a una acotada SDS, la cual entregó más tarde a Néstor Gordillo, hombre de confianza del mandatario. Pablo Rodríguez Regordosa, a la Secotrade, desde donde empezó a transformarse en morenovallista recalcitrante —lo que le permitió ser diputado local y también líder municipal blanquiazul en esta gestión—.

El morenovallismo se apodera del PAN

En este escenario, crecieron los roces entre Moreno Valle y el entonces líder estatal panista, Juan Carlos Mondragón. Y al final rompieron relaciones. El 19 de junio de 2011, durante la elección de consejeros estatales y con apoyo del ex senador Ángel Alonso Díaz Caneja, el mandatario ganó la mayoría de los 108 integrantes de este organismo. Pero, fue el domingo 23 de octubre de ese año, cuando dejó en claro su mano dura: la PGJ aprehendió al exalcalde de Palmar de Bravo, Pedro Barojas, prácticamente durante la instalación del Consejo Estatal 2011-2014.

Con casi dos años en la gubernatura, Moreno Valle encaminó sus pasos hacia apoderarse del PAN. Para las elecciones de 2013, perfiló a casi todos los candidatos a presidentes municipales y diputados.

Hace poco, en Tlaxcala, reveló cómo fueron definidas las principales postulaciones. Según él, con base en los resultados de una encuesta, el primer lugar fue candidato a alcalde de Puebla; el segundo a diputado y coordinador de la bancada; el tercero a diputación plurinominal y la dirigencia municipal panista y el cuarto una candidatura plurinominal. Fue así como acomodó a José Antonio Gali Fayad, Jorge Aguilar Chedraui, Pablo Rodríguez Regordosa y Francisco Rodríguez Álvarez. En ese orden.

Tras los triunfos panistas en las elecciones intermedias de 2013, el entonces líder estatal blanquiazul, Rafael Micalco Méndez, no podía declarar otra cosa: "en Puebla, el mayor liderazgo del PAN es Rafael Moreno Valle". Sin embargo, un año más tarde, el mismo Micalco Méndez y el ex alcalde de Puebla, Eduardo Rivera Pérez, tuvieron que enfrentar a Moreno Valle, ante la afiliación masiva que hizo aumentar el padrón de 13 mil 857 a 28 mil 132 militantes. Esa vez, el mandatario sólo declaró: "un partido grande es un partido fuerte".

 Para rematar su "jugada", el gobernador impulsó a su esposa Martha Erika Alonso como secretaria general del PAN en el estado de Puebla. Y el 17 de diciembre de 2015, ante el dirigente nacional panista, Ricardo Anaya Cortés, rindió protesta, junto con Jesús Giles Carmona, quien asumió la Presidencia del Comité Directivo Estatal.

 Con el control del PAN, Moreno Valle no tuvo problemas para definir candidato a gobernador. Concluyó que Gali Fayad debía volver a las boletas electorales, pese a que había prometido mantenerse en el cargo durante toda su gestión. Y así acabó con la máxima en política: "gobernador no pone gobernador". Había garantizado la continuidad de su grupo en el poder.

Un proyecto frustrado

Para que Moreno Valle ganara la gubernatura, tuvo que conformar Compromiso por Puebla con cuatro partidos. Uno de ellos fue el PRD. Su inclusión fue negociada por Manuel Camacho Solís (qepd), quien durante el registro oficial de la coalición en 2010.

Pese al apoyo perredista, el primer gabinete estatal no incluyó a ningún militante de este partido. Lo más cercano fue Víctor Carrancá Bourguet, quien había sido subprocurador de Procesos en la PGJ del Distrito Federal, durante la administración de Cuauhtémoc Cárdenas, la primera jefatura de gobierno en la capital del país.

Casi año y medio después, el entonces líder estatal del PRD, Miguel Ángel de la Rosa Esparza, fue nombrado subsecretario de Gobierno, justo dos días después que el candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, acusó a Moreno Valle de haber pactado con el abanderado del PRI, Enrique Peña Nieto.

El PRD padece del mismo mal que el panismo poblano

A partir de 2014, como sucedió en el PAN, la afiliación al PRD empezó a crecer en forma típica. En este marco, el entonces líder nacional, Jesús Zambrano, festejó en Puebla los 25 años de su partido. El festejo contó con la participación de Moreno Valle, quien lamentó la división en el instituto del sol azteca.

De finales de 2013 a mediados del año de referencia, aumentaron de 20 mil a más de 60 mil perredistas en el estado. El líder estatal, Eric Cotoñeto Carmona, negó la intervención del gobernador y explicó que el crecimiento en la militancia se debía a que su partido no ponía "tantas trabas” en el trámite.

Sin embargo, dos meses más tarde, Cotoñeto admitió que el Panal y el SNTE habían participado en la afiliación másiva de militantes. Un total de 97 mil 538 participarían el 7 de septiembre en la elección interna de 150 consejeros estatales.

Izquierda Progresista (FIP), corriente afín al senador Luis Miguel Barbosa Huerta, y la expresión Nueva Izquierda (NI), obtuvieron más de la mitad de los espacios en el Consejo Estatal. La FIP colocó a Socorro Quezada Tiempo como lideresa estatal.

Para entonces, Moreno Valle ya había movido una de sus piezas: Luis Maldonado Venegas abandonó Movimiento Ciudadano, en el cual fue dirigente nacional de 2006 a 2009. Y lo afilió al PRD. Con tan sólo unos meses vistiendo nuevos colores, el ex secretario general de Gobierno ocupó la tercera posición de la lista plurinominal a diputados federales de la cuarta circunscripción electoral. Y llegó a San Lázaro. Para 2015, Maldonado Venegas ya era consejero nacional y principal promotor del proyecto presidencial morenovallista.

Sin embargo, entre los retos del también ex priista estaba la reedición de la megacoalición para 2016. Principalmente, sumar PAN y PRD. Esa era la tarea primer de Maldonado Venegas. Sin embargo, el 16 de diciembre de 2015, las corrientes FIP, Izquierda Democrática Nacional IDN y Alternativa Democrática Nacional (ADN) reventaron la instalación del Consejo Estatal del PRD, que trataba de aprobar una posible alianza con el instituto blanquiazul.

En esa ocasión, destacaron unidades de Seguridad Pública que trataron de bloquear que los perredistas contrarios a Moreno Valle llegaran a la ex hacienda de Chautla, donde se celebraría la sesión.

A principios de 2016, el dirigente nacional perredista, Agustín Basave, dejaba en claro que en Puebla no había alianza. El ex funcionario estatal había fracasado. Empero, su nombre volvió a escucharse a finales del año pasado, cuando el senador Luis Miguel Barbosa lo acusó de encabezar otro proyecto de afiliación  masiva de burócratas, sobre todo del Colegio de Bachilleres. A la fecha, hay 120 mil perredistas en el padrón estatal, lo que representa que la militancia se haya multiplicado por seis en sólo tres años.

La mano que mece la cuna

El VI Informe de Rafael Moreno Valle exhibió la división en el PRI. Los diputados locales se calificaron como una “oposición responsable” y no criticaron nada sobre feminicidios, robo de combustible y endeudamiento. Temas que sí abordó el líder estatal del instituto tricolor, Jorge Estefan Chidiac, un día después.

En tanto, el diputado federal Alejandro Armenta Mier se mostró más radical y pidió juicio político: “cuando un partido se encierra en sí mismo, pierde la oportunidad de representar a la sociedad y ese es el PRI que no comparto", dijo.

 Las fracturas no son nuevas, desde el principio del sexenio, este partido se vio sin unidad, sin liderazgos, perdido. Ante el descredito que le heredó la gestión de Mario Marín Torres, el gober precioso, nadie quería tomar las riendas de este partido.

Tenía a Juan Carlos Lastiri Quirós como presidente del Comité Directivo Estatal; pero, renunció en 2012 para sumarse a una subsecretaría de la Sedatu. Entró Fernando Morales Martínez, hijo del ex gobernador Melquiades Morales Flores, y dejó el cargo nueve meses después.

Para colmo de los priistas, Morales Martínez se incorporó al equipo morenovallista y asumió una subsecretaría de la SGG.

En las filas priistas, destaca la actitud timorata, los acuerdos con el poder, la cómplice prudencia, las críticas respuestosas que sólo suben de tono y sin estridencias, cuando vienen tiempos de elecciones, cuando vuelven a citarse los nombres de siempre: Enrique Doger Guerrero, Lucero Saldaña Pérez, Alejandro Armenta Mier, Blanca Alcalá Ruiz, Jorge Estefan Chidac, Alberto Jiménez Merino.

Sin pastor, los priistas sólo se han conformado en ver cómo en el extremo opuesto construyen nuevos cuadros, alianzas y liderazgos, tienen buen manejo de tiempos.

En tanto, en su caballada mantienen esperanzas en el dedazo y el reparto de posiciones de poder para tratar de rescatar algo, sin cicatrizar heridas, sin llevar a la unidad del terreno de las declaraciones a la realidad.

Con los resultados de la última elección local y lo vivido en el sexenio anterior, el PRI debe estar preocupadísimo, pues su candidata Blanca Alcalá obtuvo la segunda votación más baja de los últimos 30 años, pese a que tuvo alianza con el Partido Verde y el Partido Encuentro Social.

La senadora obtuvo menos de 600 mil votos, cantidad muy abajo de los 886 mil votos obtenidos por Mario Marín en 2004, que los 883 mil votos de Javier López Zavala en 2010, que los 760 mil votos de Melquiades Morales en 1998, que los 602 mil votos de Mariano Piña Olaya en 1986; sólo superó a la votación de Manuel Bartlett, quien obtuvo 526 mil sufragios en 1992, cuando el padrón electoral sólo tenía dos millones de personas inscritas y actualmente suman 4.3 millones.

Con Moreno Valle fuera de Casa Puebla, el tricolor tiene la mejor noticia de los últimos seis años; pero, no se nota un cambio de actitud, ni siquiera ahora que la Auditoría Superior de la Federación (ASF) hizo observaciones por cuatro mil 570 millones de pesos a la cuenta pública 2015 del gobierno estatal, el penúltimo año del sexenio pasado.


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