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Foto: Megalópolis

Sobrevive en Tlaxcala el prehistórico ajolote

Pedro Morales 2017-04-22 - 10:17:58

Una voz de mujer los anuncia en los mercados, ¡lleve sus ajolotes!.. le curan la anemia, la neumonía, la pulmonía, le calman la tos, son ricos en caldo.

Un inesperado encuentro ocurre, los transeúntes miran con curiosidad a los ajolotes, son transportados en un par de cubetas, los hay por más de un centenar, se venden por docena en una bolsa de plástico, a diez pesos cada uno.

Se vale regatear y los dejan hasta en cincuenta pesos, la mujer dice que su condición de pobreza la obliga a comercializar a los ajolotes, sabe que es una especie en peligro de extinción.

Está consciente que su venta no es permitida, sin embargo asegura que los ajolotes están lejos de desaparecer, pero puede más la necesidad y las cinco bocas que tiene que alimentar.

Asegura que son un excelente remedio para las enfermedades pulmonares, la anemia desaparece con solo tomar un caldo de ajolote con su epazote, cebolla, ajo y chiles verdes, dice que sabe a pescado y que se los da de comer a sus hijos.

En las tiendas naturistas los venden como jarabe, pero siempre son falsificaciones, porque ya poca gente sabe elaborar el jarabe, que es muy buena medicina para la pulmonía, la neumonía y a la tos la cura con rapidez.

La mujer, acompañada de un niño, mira con desconfianza porque dice que a cada rato los inspectores le sacan dinero, son los del municipio, y asienta que “eso que acaban de llegar, ya nos piden dinero”.

Asegura que del lugar de donde los obtiene es de una laguna y de jagüeyes, el agua es muy fría, pero en ella son felices los ajolotes, se reproducen con rapidez y fuera de su elemento natural sobreviven por largo tiempo.

Se alimentan de pedazos de pan o tortilla, no son altos demandantes de comida, parecen peces, pero no lo son, explica que algunos cambian de color, se manchan y se les caen las bronquias, se convierten en salamandras.

Se entierran y salen cada año, los meses de mayor producción son diciembre, enero y en febrero desaparecen, se entierran las salamandras y dada nuevo ciclo de lluvias de nueva cuenta aparecen.

Son animalitos muy curiosos, de enormes ojos y parece que siempre están sonriendo, son una reliquia viviente, es emocionante conocerlos, más tocarlos y saber que siguen existiendo, desafiando el tiempo.

Después de mirar a un ajolote por primera vez, uno podría preguntarse qué clase de criatura es esta exactamente.

Con su forma parecida al pez gato, pero raro, con branquias externas muy largas llenas de adornos que brotan de su cuello; y sus aletas, miembros, y patas, ¿debería ser clasificado como un habitante de tierra o agua?

Tiene agallas y puede respirar tranquilamente debajo del agua.

Pero observarlo caminar a través del fondo del tanque de un acuario, no es sorpresa que se le conozca comúnmente como el “pez caminante Mexicano”.

Entonces, ¿deberían los evolucionistas cobrar ánimo de que aquí hay algo como una “forma transitoria” de vida, quizás en su camino a evolucionar de un pez a un anfibio?

Definitivamente, no.

El ajolote es, de hecho, una salamandra colocada en el mismo grupo de los anfibios con las ranas y los sapos.

Como todos los anfibios y, a diferencia de todos los peces, los miembros están firmemente pegados a la columna vertebral. Su nombre científico es Ambystoma mexicanum.

El nombre “ajolote” es derivado de “Axolotl”, palabra de la lengua Nahuatl que significa “perro acuático”.

Como adulto, el ajolote puede alcanzar una longitud de hasta 30 cms., y pesar más de 300 grms., haciéndolo un anfibio de buen tamaño.

Tiende a tener una coloración de crema clara a una canela, estando en cautividad; y una coloración negra – verde moteado, estando en su ambiente natural.

Pero también puede aparecer de color canela, gris, marrón, albino o inclusive transparente, así uno puede ver sus órganos internos.

Si es cuidado apropiadamente, puede vivir hasta por 12 años.

Los ajolotes comen principalmente lombrices, caracoles, varios tipos de crustáceos, y peces pequeños.

Sus mandíbulas contienen dientes menudos que son usados solamente para asir a sus presas, las que éstos tragan enteras.

Ellos pueden convertirse en caníbales, uno hacia el otro, cuando son jóvenes; así que se debe tener cuidado cuando se les mantiene en cautividad.

Después que alcanzan la madurez, la hembra puede poner hasta un millar de huevos cada 3-6 meses.

Una asombrosa habilidad del ajolote es su fantástica regeneración, y sus capacidades curativas, puede reemplazar significativas porciones de su cuerpo si se dañara.

Por esta razón, aquellos engendrados en cautividad son usados extensamente en pruebas de laboratorio, ya que los científicos han esperado resolver los secretos de sus radicales habilidades curativas.

El ajolote retiene sus agallas y sus aletas en lugar de cambiarlas por pulmones y miembros desarrollados.

Esta condición abreviada de desarrollo es conocida como “neotenia”, el ajolote se desarrolla y reproduce en su estado larval.

Más extraño aún, es que puede ser forzado a completar su etapa larval y transformarse en una salamandra adulta normal, aplicándole la hormona metabólica tiroxina.

Esto causa que las agallas sean absorbidas dentro del cuerpo, y que los pulmones se desarrollen por completo, como también, causando que los ojos desarrollen parpados como los animales habitantes de tierra.

También puede transformarse así misma si deja su ambiente acuático por un largo periodo de tiempo, especialmente si sus alrededores son demasiados secos.

Supuestamente, este anfibio era originalmente en su mayor parte, una salamandra terrestre.

En vez de ir hacia adelante para evolucionar en reptil y después a mamíferos, como se cree, un grupo de estos supuestamente retorno al agua de una manera gradual, encontrándose ahora atrapado en medio de etapas de desarrollo.

Hasta dónde van los hechos, los ajolotes han desarrollado órganos completos agallas, ojos, etc., y éstos funcionan perfecta y adecuadamente para sus propósitos.

Se dice que a nivel mundial los ajolotes solamente se encuentran en su estado natural en Xochimilco, en la capital del país, pero ahora podemos constatar que en Tlaxcala también han desafiado al paso de los siglos, de las evoluciones y ahora enfrentan con ventaja el cambio climático. 


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