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El TLCAN en caída libre

Julián Germán Molina Carrillo
Opinión
2017-11-20 15:28:11

La relación con Estados Unidos ha sido parte sustancial de la historia contemporánea de México, prácticamente ningún tema de la agenda nacional escapa a la influencia que ejerce el país vecino. Los 3 mil kilómetros de frontera que nos unen se han convertido en algo más que un espacio de contacto entre dos naciones.

En realidad, los acontecimientos políticos, económicos, sociales y culturales en Estados Unidos afectan transversalmente la vida de todos los mexicanos, sus organizaciones e instituciones.

El deterioro del dinamismo económico estadounidense, el cambio de perspectiva del vecino del norte sobre su relación con México, una agenda binacional que pone como prioridad la seguridad de sus fronteras y la criminalización de la migración, son algunos de los síntomas de la degradación del vínculo de nuestro país con uno de los más importantes del mundo.

Para poder entender esta nueva relación, tenemos que dimensionar en todos sus aspectos ¿qué es lo que sucede en Estados Unidos al estar perdiendo su supremacía económica ante Rusia y la comunidad europea?, aunado a que la tormenta de la represión contra los inmigrantes ha sido la política que más continuidad ha tenido en cada una de las últimas administraciones que han llegado al gobierno de los Estados Unidos.

 

Revisión a fondo

En la actualidad, la creciente interdependencia entre estos países provoca que cualquier cambio significativo en la economía de Estados Unidos repercuta, generalmente de forma negativa, en la mexicana.

Para Washington también implica su apoyo a México, como ocurrió en 1995, cuando nuestra economía sufrió una grave crisis financiera. El problema es que la soberanía del país se reduce por la alta dependencia que tiene hacia la economía estadounidense.

El gobierno de Estados Unidos ha intensificado sus intentos por frenar el flujo migratorio proveniente de nuestro país, al grado de que Donald Trump enarboló como uno de sus ejes principales de campaña, la promesa de la construcción de su famoso muro y demás entelequias que, a lo sumo, solo servirán para hacer la migración más peligrosa y acaso más mortífera, pero no para detenerla, y al mismo tiempo promueva medidas que, como la revisión y posible cancelación del TLCAN, generan las condiciones para provocar un mayor flujo migratorio.

Al respecto, sería mucho más efectiva y humana una revisión a fondo de ese tratado, para hacerlo más funcional, situación a la que Trump se ha negado.

 

Golpe duro

Sin embargo, la administración estadounidense se niega a reconocer que el desarrollo de su economía está altamente basada en la aportación de la gran cantidad de inmigrantes que con su trabajo y mano de obra barata la han impulsado, aceptando las prácticas de explotación laboral y salario, que difícilmente serían atractivas para los norteamericanos.

A pesar de lo que se diga, tan solo basta con observar que en California los mexicanos sustentan con su trabajo y productividad en gran parte el desarrollo económico del estado.

De alcanzar Donald Trump su objetivo, de que los Estados Unidos salgan del TLCAN, este se convertiría en un golpe muy duro para la economía de nuestro país, tomando en cuenta que “el comercio de México con Estados Unidos en un solo día se equipara a todo el comercio de América Latina por un año”, conforme lo que señala Gonzalo Abad Frías, especialista en tratados comerciales y Latinoamérica del departamento de Estudios Internacionales de la Ibero. 

 

En el limbo

Si el tratado no es renegociado ni se adaptan condiciones favorables para las naciones contratantes, ahora sí Estados Unidos estaría dándole un golpe interno a su principal base de desarrollo económica, puesto que, sin querer aceptarlo, los mexicanos son los que activan a la gran economía estadounidense.

No dude que en unos 20 años, el presidente de esa nación pueda ser un ciudadano de origen mexicano. Hasta el momento en que escribo estas líneas, desconozco cuál es el Plan B que tiene considerado el presidente Peña Nieto y su gobierno, como respuesta a la postura de los negociadores de los Estados Unidos, que insisten en dar por cancelado el TLCAN.

Podemos afirmar que quizás tengan la esperanza de que al final siga el Tratado, solo con algunos cambios, o bien que no tengan clara la idea de lo que deben hacer, si se confirma la cancelación del mismo, ante un escenario mundial muy complicado y en lo interno.


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