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La debacle del PRI

Oscar Legaspi
El Ojo Político
2018-05-07 08:23:52

Recordar es volver a vivir, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari se gestó compartir el poder político y cogobernar con los partidos de oposición que fueron aliados para conformar una “democracia” a modo.

En ese sexenio se dio paso a la oposición para ocupar por vez primera una gubernatura, y así fue con Ernesto Ruffo Appel.

Cabe recordar que el acuerdo político fue que Ernesto Ruffo, miembro del Partido Acción Nacional (PAN), quien fue elegido presidente municipal de Ensenada de 1986 a 1989, pidiera licencia para contender por la gubernatura de su estado y en las elecciones estatales de Baja California de 1989 obtuvo la victoria con el 52.3 por ciento de la votación, convirtiéndose así en el primer gobernador emanado de un partido opositor que no fuera del PRI en la historia moderna, siendo hasta la fecha que ese estado no ha vuelto a tener un gobernador del PRI.

Después de ello la oposición “obtuvo” infinidad de puestos desde presidencias municipales, gubernaturas, diputaciones y senadurías, pero siempre con el sello del contubernio.

Los ajustes al interior del PRI no se hicieron esperar, pues dejar de perseguir los ideales de un partido emanado de la revolución provocó fisuras graves y con ello provocó que ciertos personajes pagaran con su vida el costo de la indisciplina política.

Fue así como un 23 de marzo de 1994 el entonces candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta pagó muy caro la respuesta al discurso claro y directo que pronunció unos días antes, donde mencionó su visión del México de entonces.

Unos meses después, el 28 de septiembre de 1994 otro personaje, cuñado del entonces presidente Carlos Salinas, José Francisco Ruiz Massieu, fue asesinado siendo Secretario General del PRI y próximo coordinador plurinominal de su bancada en la Cámara de Diputados.

Los claroscuros del PRI, dieron pie al relevo en la joya de la corona, obviamente la silla presidencial paso de manos al PAN, y Vicente Fox fue el primer presidente en el año 2000 emanado de un partido diferente al que ostentaba el poder durante 70 años.

Como dice el dicho popular que el tiempo siempre da la razón y desde el inicio del sexenio de Enrique Peña Nieto, el populachero Fox siempre se manifestó de alguna manera a favor de ciertos personajes del PRI, y sobre todo por ser el patiño del PRI en contra de Andrés Manuel López Obrador, su eterno “rival”.

La historia se repitió el año 2006 en otro panista, Felipe Calderón Hinojosa, cuando al interior del PRI se libraban batallas por obtener el control del partido, toda vez que al no haber “presidente” priista, los jaloneos siguieron provocando traiciones al más puro estilo de cuando nació el PRI como partido.

La historia y el tiempo nos demuestra la traición de que fue objeto Álvaro Obregón a manos de Plutarco Elías Calles.

El error de Obregón en ese entonces fue erigir un gobierno personalista y no basado en instituciones.

La difícil tarea de Calles fue iniciar la creación de un sistema político institucional como hoy lo conocemos y es por ello que el PRI lo respeta como a su padre.

Volviendo a nuestra época, después de los resultados de 2016, quedó demostrado fehacientemente que ya no existen los bastiones políticos y que la competencia electoral llegó para quedarse, a pesar de los “errores” de las autoridades electorales.

El PRI ha sido rebasado como partido político en esencia, pero lo que aún no se llega a comprender es que los ideales y preceptos que lo vieron nacer nadie los conoce.

Nadie puede decir que el PRI fue en su totalidad desde sus orígenes un partido de corrupción como el que hoy conocemos.

El PRI desde su ideología socialista dio paso a instituciones como el IMSS, Ferrocarriles, CFE, etc. Y que dado hoy en día a su ideología neoliberal lo ha llevado al traste.

Los grandes ganadores de los neoliberales es un pequeño grupo que mantiene el poder tanto político como del partido.

La política hay que recordar es el arte del engaño.

Siendo de esa manera, el presidente Peña Nieto designó a José Antonio Meade como el candidato que los representara en coalición con los otros partidos.

José Antonio Meade no es priista, ha representado a ese grupo que ha mantenido el poder político a manos del PRI y del PAN durante varias décadas y dejado en la orfandad a las militancias de ambos partidos.

De antemano esta columna había visualizado desde hace tiempo que al interior del PRI debería de haber un cambio en su presidencia y el tiempo llegó a manos de René Juárez Cisneros.

Si el PRI en verdad hubiera optado por tener un partido competitivo debió haber caído el cambio en manos de Miguel Ángel Osorio Chong como se había vislumbrado en varios estudios políticos.

Osorio quería reordenar al PRI, volverlo moderno y dejar atrás al sindicalismo charro que ya nadie quiere saber.

Es por ello que Andrés Manuel López Obrador, ex priista de nacimiento político, tiene más clara la idea de llevar a cabo una 4ª. Enmienda del poder político después de las anteriores constituciones a la par que el PRI debería de hacerlo en ese tenor toda vez que tanto partido como poder político nacieron a la vez.

Si el PRI no cambia en muchos aspectos, estará condenado a morir y desaparecer.


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