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El triunfo como concepto

Antonio Casanueva Fernández
Corchaíto
2020-08-30 20:07:48

Hanna Arendt en su libro ‘Sobre la violencia’ lamentaba que en la sociedad burguesa estaban ausentes “los nuevos valores”, que para ella resultaban “no ser muy nuevos”: el sentido del honor, el deseo de fama y de gloria, el valor de luchar sin odio y sin ánimo de venganza y la indiferencia ante los bienes materiales. Si alguien personalizó estos valores fue Manuel Rodríguez “Manolete” quien falleció el 29 de agosto de 1947, hace 73 años.

Se calcula que se han publicado alrededor de 400 libros sobre Manolete. Muchos de ellos de él como hombre: sobre su personalidad, integridad, solidaridad con los necesitados y caballerosidad. Se ha escrito alrededor de su relación con Lupe Sino, de su apoderado José Flores González “Camará”, su íntimo amigo don Álvaro Domecq y sobre su muerte en Linares. Así que decir algo original sobre Manolete resultaría una casi una temeridad.

No obstante, como lo afirma José Morente, profundizar en el concepto de Manolete resulta imprescindible para entender la verdadera historia del toreo. Adicionalmente y dada la perplejidad que vive la sociedad actual, vale la pena recordar al Monstruo para que su integridad y sobriedad nos sirvan de ejemplo para afrontar las dificultades ante la pandemia.

Manolete tenía una personalidad seca y austera. Su estilo fue la extensión de su carácter: templado, severo y valeroso. Sobrio y duro, pero también elegante. Se imponía al toro igual que en su vida social. Era imposible que pasara desapercibido. Lograba impresionar a todos los que se ponían en contacto con él. Según Enrique Guarner la majestad de su porte y, sobre todo, su concepto del deber, lo hicieron ser el espada más honrado de cuantos hayan existido.

Manolete lidió a los toros con sutileza. Los sometía toreando en redondo y por naturales. Tuvo la claridad para ordenar sus faenas y establecer un patrón que se convirtió en la referencia de la faena moderna: Inicio por estatuarios, tandas en redondo y manoletinas de remate. Con Manolete se alcanzó la cúspide del hilo del toreo que es el continuo de Guerrita-Gallito-Chicuelo-Armillita-Manolete.

El lance que más me ha impresionado como aficionado a los toros es la media verónica a pies juntos con la que remató la primera tanda en su debut en México el 9 de diciembre 1945 a Gitano de Torrecillas. Había parado y sometido al toro con suaves verónicas de manos muy bajas, desmayadas. El Monstruo calculó la velocidad, el empuje y los terrenos en donde debía colocarse. Realizó el lance muy suave, de manera que el animal, sin dejar de dominarlo, tuviera un respiro. Le estaba demostrando con los toques del capote hacia fuera y hacia el suelo, que quería que se parara ahí. Un remate de mando y belleza, un lance que sintetiza de lo que en conjunto es la tauromaquia: el dominio de la inteligencia sobre la fuerza. Manolete frenó la agresividad del toro, con toques, marcándole el camino. Ligereza y verticalidad.

Manolete consiguió imponer su estándar de faena en todas las plazas y a todos los toros a los que se enfrentó. Un ejemplo de integridad, sentido del honor, deseo de fama y de gloria que hicieron del triunfo un concepto.


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