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Epifanía

Antonio Casanueva Fernández
Corchaíto
2021-01-10 15:55:58

Epifanía es la traducción de la palabra griega ?πιφ?νεια, un vocablo compuesto por ?π?- (por encima) y por el verbo φαινε?ν (aparecer, verse o mostrarse).

Significa manifestación o revelación. En la tradición cristiana, la solemnidad de la Epifanía se celebra el 6 de enero en recuerdo de los magos que aparecieron de oriente para adorar la primera manifestación de Jesucristo. Otras palabras que vienen del mismo verbo griego son fenómeno, fantasía e hierofante.

En la fiesta brava mexicana tuvimos nuestra epifanía en enero del 2007 cuando se anunció la despedida de Rodolfo Rodríguez “el Pana” en la Plaza México.

Desde entonces, cada año los taurinos mexicanos inundan las redes sociales con fotos y vídeos de las faenas a Rey Mago y a Conquistador de Javier Garfias.

“El Brujo de Apizaco”, como Rodolfo se autonombró después de aquella manifestación, era un iconoclasta, es decir, negaba los normas, los modelos establecidos y la autoridad de maestros o de cualquiera que la ejerciera en su momento.

Como lo explica Pepe Alameda en su libro Los heterodoxos del toreo: “heterodoxia es romper con la doctrina y la tradición, pero conservando un cierto cordón umbilical, pues en todo heterodoxo hay, a la postre, algo de hijo pródigo.” El cordón que unía a el Pana con la tauromaquia mexicana venía de Garza, Silverio y “El Callao”.

La de enero 2007 no fue su única “revelación”. Hace unos días, por la magia de las redes sociales, me encontré con la faena al toro Chocolatero de El Sauz que El Pana realizó, también en la Plaza México, en octubre de 1995. Una lidia que fue un compendio de fantasía y originalidad. Pero en aquella ocasión no hubo trascendencia.

Como me lo explicaba Miguel Casanueva “el Tehuacano”, el Pana estaba destinado a impactar sólo en sus inicios y en sus finales.

Conocí a El Pana cuando yo era niño. Fue él quien me enseñó a realizar “cruzados” de pulque. Era un individuo que conmovía. Tenía imaginación, inventiva y sentido del humor.

Fue compañero de Miguel, mi tío, con quien había recorrido la legua cuando los dos eran maletillas. De ahí la amistad con la familia. Entre 1978 y 1982, recorrimos miles de kilómetros en carretera para verlo.

Por supuesto que asistimos a sus once novilladas en la México, pero fuimos también a todos los pueblos donde se presentó. Recuerdo aquella tarde de febrero de 1982 en San Andrés Ahuashuatepec en donde partió plaza solo, sin subalternos ni alternantes, quienes se habían excusado de participar por un conflicto sindical.

Se enfrentó a cuatro toros sin ningún tipo de ayuda y en todas las faenas hubo detalles, singularidad, barroquismo y torería.

Fue un torero extravagante. Como las otras palabras emanadas de la etimología griega de epifanía: fenómeno, fantástico, hierofante, es decir, maestro de nociones recónditas.

Esperemos que estas imágenes de El Pana que inundan las redes sociales inspiren el surgimiento de un nuevo heterodoxo que, con su disidencia y disconformidad, rompa los esquemas y reactive la fiesta.


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2021-01-25