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Reminiscencias por unos lances

Antonio Casanueva Fernández
Corchaíto
2021-09-26 14:31:59

El toreo es un arte efímero, es decir, una expresión estética de corta duración. La fugacidad es el objeto artístico de una corrida de toros, las emociones se suscitan al ver en el ruedo algo hermoso o sublime que desaparece para siempre, dejando únicamente el recuerdo.

Quedan en la memoria las sensaciones que se entremezclan con los sueños, con lo que leímos en las crónicas o discutimos con otros aficionados.

El arte efímero se caracteriza por el conflicto entre la realidad objetiva –lo que hicieron toro y torero– y el recuerdo de algo que ya no existe. En ocasiones, la conmoción provocada por una faena detona la evocación de momentos que vivimos o idealizamos.

El domingo 19 de septiembre 2021, se presentó en Sevilla, Juan Ortega. Recibió a un toro de Jandilla corrido en tercer lugar con siete verónicas tersas, lentas, bajando las manos, meciendo el percal para que los vuelos del capote acompañaran la embestida del toro, le fue ganando terreno hasta rematar con una media belmontina con exquisitez y solera.

No fueron perfectas, el toro iba rebrincando y, por momentos, echaba las manitas por delante, además recibió un leve enganchón, pero sí se acercan a los lances oníricos.

Los sevillanos evocaron a Curro Puya, Curro Romero o a Morante. A mí me recordó la casa de mis padres. Ahí están colgadas y enmarcadas unas pinturas de Ruano Llopis que la Cervecería Cuauhtémoc publicó en un calendario por ahí de los años cincuenta del siglo pasado. Siempre me impresionó el de Jesús Solorzano. Me quedaba horas mirando esa verónica.

Me impactaba la facilidad con la que el torero moreliano realizaba el lance. Suavidad, temple, belleza. Mi mente se imaginaba aquél lance y soñaba con las faenas que probablemente habían inspirado al pintor.

"Tortolito" de San Mateo cuando –según Guillermo Salas– El Rey del Temple "no toreo, sino esculpió la verónica". "Botanero" de La Punta al que largó siete verónica, una tarde en la que Solorzano alternó con Armillita y Manolete. O "Redactor" de la Laguna, faena que fue incluida en la película "Ora Ponciano".

A decir de Carmen Madrazo en el libro "El Rey del Temple": "En el momento en que Chucho lancea a la verónica, la gente se ponía de pie, aplaudiendo y gritando: ¡Olé, Olé!, por lo que se prendían las luces del cine, paraban la película y volvían a pasar las verónicas".

El toreo es efímero, por lo tanto irrepetible. Los lances de Juan Ortega no solo provocaron que al verlos pensáramos: "¡Qué belleza!", aunque al final, solo duraron unos segundo.

Lo importante son las reacciones que quedaran perennes en la memoria. La estética de la fugacidad hizo que pasado y presente, realidad y sueño se dieran cita en Sevilla en una eufórica mezcla. 


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