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Manuel Felguérez: La libertad del sujeto creado

Antonio Casanueva Fernández
Corchaíto
2021-10-03 14:58:31

Lo abstracto se refiere a lo no específico, lo que no es concreto, ni esquemático. Los pensamientos son abstractos, como lo son también conceptos como el deseo, la belleza o el amor.

Son ideas que no están en ninguna parte, pero que somos capaces de interpretar por medio de un proceso de abstracción. El arte abstracto crea un lenguaje lleno de significados propios que profundiza en elementos como color y estructura.

La música es un ejemplo de arte abstracto. A través de la combinación de siete notas básicas nuestros sentidos responden a estímulos que nos conectan a un nivel estético más profundo. Vasili Kandinski, precursor de la pintura abstracta, fue inspirado por la posibilidad que le daba la asociación de marcas y colores.

El arte le permitía una dimensión que hacía trascender la cotidianidad, alcanzando un plano espiritual.  

Una obra de arte deja al espectador atónito. Se provoca una fusión entre el observador y la pintura. Despierta la imaginación, permite interpretar sensaciones y evocar recuerdos.

Las pinturas abstractas requieren de concentración y, valga la redundancia, de abstracción para percibir las emociones que plasmó el artista.

Las pinturas abstractas no son simples imágenes que recuerdan figuras concretas, sino que comunican emociones que conectan con un lado inconsciente.

Me encontraba absorto observando la exposición de Manuel Felguérez en el Centro Cultural Juan Beckmann Gallardo cuando Paloma, mi esposa, me señaló un cuadro: "Ahí hay un toro bravo".

No sabía si era una de esas pruebas de Rorschach en las que los psicólogos descubren aspectos inconscientes de la personalidad por medio de asociaciones establecidas con imágenes de manchas de tinta. Pero en efecto la pintura abstracta de Felguérez proyectaba la fuerza y la nobleza de un toro bravo.

En una conversación con Cuahtémoc Medina publicada en el libro "Manuel Felguérez, el futuro era nuestro", el artista confiesa: "Soy el único de los abstractos que tiene figuras, como pedazos de torso o de cuerpo humano, fragmentos, medio ensangrentados. Siempre hay esa tentación tremendista".

Así que no era solo el subconsciente que nos traicionaba, sino que Felguérez dejaba huella de su afición en su expresionismo abstracto.

Manuel Felguérez nació en la Hacienda de Valparaiso, Zacatecas, localidad que se vanagloria de ser semilla donde germinó la crianza de toros de lidia en México.

El artista lo recodaba en una entrevista que le realizaron en el 2016: “Me acuerdo mucho de los caballos que había en el rancho, los toros cuando íbamos a las tientas, de mi abuela comiendo tunas, a mi padre comiendo jitomates con sal directamente después de cortarlos.”

Seguidor de Kandinsky, Felguérez pensaba que lo que lo que se expresa en el arte es el espíritu, la relación entre la materia y el espíritu.

De filiación surrealista, su obra sacude visual y emocionalmente al público, lo saca de su comodidad, lo invita a reflexionar y a ampliar la conciencia. 

Según el artista zacatecano: "Te fanatizas en el arte, te absorbe, te llena, te complace, te hace sufrir, te hace gozar, pero es el arte como religión, el arte como centro (…) el hombre inventa el arte hace 25 millones de años empieza realmente a hacerse humano. Por eso digo que el arte se vuelve religión, por su capacidad para humanizar".

Para Felguérez, lo abstracto libera el arte y expresa un lenguaje universal. Concibe el arte como una tensión entre espacio y forma.

Para él, la libertad del arte es la libertad de la forma, que garantiza la libertad del sujeto creador. De esta manera, el arte tiene una potencia liberadora.

El toreo es también un arte abstracto. Se realiza a través de la embestida de un toro; que no es algo concreto, pero permite la expresión, la invención y desarrolla la creatividad del torero.  

Para Felguérez, el arte es creación, invención. La creación es infinita: viene de siempre y no termina nunca. "Todo cambia. El arte debe ser lo mismo. Copiar un cuadro es oficio, no arte. Para ser arte tiene que haber creación".

Así como el artista zacatecano se alimentaba de su afición taurina, quizá los toreros mexicanos podrían voltear al arte abstracto para liberarse de cualquier predeterminación y de cánones asfixiantes e impuestos.

Para Octavio Paz, Felguérez emprendió una tarea de higiene estética e intelectual: limpiar las mentes y los cuadros. Necesitamos un torero que desarrolle su libertad como sujeto creador.


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